Se respira por estos días un poco de esperanza y metas por hacer. Hay unas ganas incesantes de no fallar esta vez, ser perfecto al fin, no dañar la camisa nueva. Tantas listas puestas en el papel de la memoria que sin duda serán la razón de muchos desencuentros y vasos de amargura.

¿Que cosa habremos hecho mal esta vez si es que fallamos? ¿Que se nos escapo por X vez? Seguramente algo habrá de aquella frase de Roger Zelazny: “Ni siquiera un espejo te mostrará a ti mismo, si no quieres ver”.

Y es que las ganas nos consumen tanto que no nos tomamos en serio la oportunidad de mirarnos, de observarnos, de abrazarnos. Invertimos más tiempo planificando hacia afuera que hacia dentro. Invertimos más saliva en animar al vecino que al atleta que vive en mi cerebro. Invertimos más fuerza en alzar el orgullo de nuestros cercanos que alzar las alas para por fin soltar la seguridad de lo mio. ¿pretendemos ver con claridad cuando no vemos las señales de grandeza en el espejo de nuestro baño?  ¿Cuando no vemos las heridas que nos hacemos cuando nuestro odio nos domina? El espejo de nuestra vida grita con más ansias en este capítulo nuevo ¡por favor abre los ojos!

Las metas, los sueños, la vida no se construye en base a cerrar las pupilas y tirarse a un vacío si no siendo capaz de abrir los ojos que supuestamente estan abiertos, darle a la vida otro respiro, otra mirada. Mirar al espejo y que nos veamos implica saber devolver bien al mal, saber superarnos, saber reconciliarnos, saber ver lo que hay de grandeza en uno y conjugar en nuestros labios la palabra perdón. Que podamos abrir nuestros ojos y sabernos humanos, llenos de retos por hacer, de capacidades, de caminos inconclusos y de paces pérdidas.

Para eso hace falta “cerrar los ojos” y “abrir el corazón”.



Marco Salas
La vida se escribe mientras leemos los momentos. Aquí, lo que siento, pienso y sueño en los capítulos de cada día. ¿Nos tomamos un café? @soymarcosalas
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